lunes, 19 de julio de 2010

Del movimiento organizado al movimiento no organizado

La crisis para nosotros, los trabajadores, no acaba. Es mentira que se resuelva el problema del desempleo, si no fuera por el autoempleo en los tianguis o cruceros ya no la estaríamos contando; más aún, contando con empleo cada vez nos alcanza para menos pues los productos son cada vez más caros.
Cada vez se torna más difícil tener casa propia, a los hijos en el colegio, una dieta que cumpla el mínimo para la nutrición de la familia; en la calle se vive la violencia, el atraco, la insalubridad, la falta de espacios culturales y de esparcimiento; aumenta la corrupción y el abuso de poder de las instituciones policiacas y gubernamentales. Mientras el gobierno y los medios siguen poniendo una cortina ha esta realidad.
Sin embargo, en innumerables lugares del país brotan protestas, se hace oír la inconformidad, surgen movilizaciones espontaneas hacia todo tipo de problemáticas que los gobiernos están lejos de resolver por corruptelas, negligencia o simplemente por proteger a los políticos y empresarios poderosos.
Los ejemplos son bastos: movilizaciones contra la inseguridad y el Ejército en Ciudad Juárez y Monterrey; contra la Línea 3 del Metrobús en las colonias Guerrero, Tlatelolco, Buenavista, Vallejo, La Patera, etc.; las protestas después del terremoto en Baja California; en Chalco, Nezahualcoyotl, Ecatepec y Gustavo A. Madero después del desbordamiento del Río de los Remedios y el Gran Canal; y mucho más etcéteras que casi siempre terminan por diluirse al no tener un programa de lucha que vaya más allá de su demanda inmediata que difícilmente se resuelve o es de manera insatisfactoria, además de sufrir el poso de la ley: la represión.
Sin duda, entre los grandes espacios amplios y unitarios -donde participan desde sindicatos “neocharros” hasta organizaciones revolucionarias- ha permeado la necesidad de llevar a cabo acciones masivas, organizadas y contundentes que cimbren el sistema político que tanta pesadumbre ha traído a las masas proletarias y populares.
Pero no basta alardear –a manera de consigna- este consenso, que si bien representa un gran avance para la lucha de clases en nuestro país, hace falta cocer más para que cuaje como una fuerza material real. Es decir, la correlación de fuerzas todavía es desfavorable para el conjunto del pueblo y del proletariado organizado, más aún, los eslabones que sostienen la unidad y/o el acercamiento entre las organizaciones son endebles.
Una muestra de esto último es la lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas, quien después de brindar apoyo y solidaridad a las organizaciones sociales del pueblo no ha encontrado la contundencia y unidad proletaria necesarias para dar marcha atrás a la extinción de Luz y Fuerza del Centro y su rehabilitación al trabajo.
El anterior ejemplo es el más representativo del movimiento organizado pues refleja sus problemáticas y vicios que debe dejar atrás para salir avante; se refleja la influencia de la socialdemocracia, las prácticas oportunistas, legalistas, casiquiles, charriles, dogmáticas y otras ajenas al espíritu de los trabajadores.
A la par de fortalecer esos eslabones unitarios, se tiene que poner atención especial en el redoblamiento de esfuerzos por acrecentar la fuerza material organizada de los trabajadores. Fuerza material que se expresa en comités de base, corrientes de trabajadores, comités de huelga, formación de sindicatos democráticos y revolucionarios, democratización de los sindicatos con estructuras charriles; en sí, hacer trabajo de base en la fábrica y el barrio, mediante diversas formas que incentiven la conciencia y organización de clase.
Nuestra actitud frente a la burguesía y sus representantes es de confrontación de clase, no admitiremos claudicación alguna al respecto, denunciaremos y combatiremos el sistema de explotación, el aparato de dominación, su democracia capitalista y toda su política burguesa.
Con respecto del oportunismo socialdemócrata, estamos empeñados en combatirle llevando a las masas la visión de clase, siendo pacientes en este sentido, sin confrontaciones estériles, aprovechando el desarrollo de la lucha de clases, ejemplificando las consecuencias del reformismo y las tendencias burguesas o pequeño-burguesas que éste guarda en sus entrañas.
En este plano, la primera gran tarea que tenemos los comunistas consiste en vincularnos con las masas, acercarles nuestra línea revolucionaria por el socialismo, llamarles a la lucha y estar creando organización en su seno. Lo que estamos haciendo por ganarnos la simpatía de las masas, por tener su confianza, es nuestro aporte inmediato a su organización.
Con ello aspiramos a captar su sentir, a hacernos de éste, integrarnos a las luchas de hoy, emprender otras tantas y trabajar porque las masas asimilen la naturaleza de la lucha socialista, la tarea por derrumbar el sistema capitalista, una tarea ardua y de largo aliento, pero que sin embargo exige sea atendida sin postergarse o desalentarse por el esfuerzo que significa.
Llamamos a multiplicar las acciones de masas, a desatar en todas partes sus luchas grandes y pequeñas, a destacar en ellas las demandas inmediatas y exigencias generales, a plantear de esta forma el resurgimiento de la lucha democrática y revolucionaria de masas.

jueves, 8 de julio de 2010

EL ENGAÑO BURGUES.

En cualquier centro de trabajo llámese: fábrica, taller, restaurante, negocio, e inclusive trabajo doméstico, siempre existirá el típico patrón que utiliza métodos eficaces para tener bajo control a su trabajador; usa el lenguaje y su comportamiento lo más ¨humanamente¨ posible, que significa esto: que nos hace creer que su conducta de explotador la ha hecho a un lado, que su interés es el de procurarnos como si fuese un padre para nosotros los proletarios, que se preocupa por nuestro bienestar, que entre los dos no existe ninguna lucha ya que él se encarga de darnos trabajo, y sin él nosotros los millones de proletarios no sabríamos que hacer sin su grata ayuda, como si fuésemos los grandes amigos a pesar de las contradicciones históricas de clase.
Esto no es más que conducta hueca y reaccionaria, ¿o cuándo se ha visto que el agua y el aceite se unan para formar un equilibrio? Pero esto tiene un trasfondo ideológico: cuánto mayor sea aprensivo el patrón en el centro de trabajo, mayor tendrá resultado en someter a los trabajadores, haciéndoles creer que su trabajo es muy sobresaliente, que somos muy eficaces, que nunca encontrará a ningún otro trabajador como lo eres tú, entre otras miles de artimañas inventadas por ellos. Gracias al ego pequeño burgués que nos han dado estos malditos, a veces nos sentimos como unos buenos pavo reales aunque sin plumaje. Otras de las cosas es que según los parásitos ricachos, nos dan una gran ayuda económica al repartirnos: vales de despensa, aguinaldos, reparto de utilidades, entre algunas otras prestaciones (esto no es en todos los centros de trabajo), pero lo que se les olvida a estos hijos de puta es que todas estas prestaciones se han logrado a través de las luchas que hemos dado los trabajadores a través de los tiempos, no es gratis ni es gracias a los ricarditos, esto es producto de la sobre explotación que tenemos día con día en nuestros trabajos.
Es por ello que nuestra conciencia de clase debe estar despierta al cien por ciento, porque sin ella somos víctimas cotidianas del sector empresarial. Sin conciencia política somos más que carne de cañón para politiqueros del sector burgués, para sus campañas electorales. Sin conciencia de clase no somos más que objetos, herramientas sustituibles que en cualquier momento pueden desechar, y estos malditos hipócritas, los que en su momento nos trataron como si fuésemos de su familia, nos despiden, nos expulsan de sus centros de trabajo como si fuéramos proscritos, bacterias .He ahí la hipocresía de estos sacerdotes doctrinarios de la explotación. Una cosa de la que debemos estar seguros todos los proletarios que elevamos nuestra conciencia de clase es que no existe ni existirá un patrón bueno ni bondadoso y que todos actúan bajo su propio interés de clase, que su riqueza se basa en la explotación, en las arduas jornadas laborales que recibimos, los engaños que nos dan sus políticos subalternos, que lo único que tenemos son migas, mendrugos de toda la gran riqueza que han acumulado gracias a nosotros los trabajadores. Los únicos patrones buenos son los que deben estar en el fondo del mar, o con una corbata como soga. Su filantropismo descansa en su inteligencia de saber como explotarnos y manipularnos, pero ello tendrá que terminar cuando explote esa arma tan potente que es la de concientizarnos, y organizarnos todos los trabajadores y sectores populares, con una única consigna:

¡SÓLO LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA ES CAMBIO!

El antifascismo

En la lucha antifascista no debemos limitarnos a combatir a los boneheads (skinheads nazis), sino que debemos tener bien claro que si combatimos al fascismo no es porque unos tipos violenten y desacrediten la escena del ska y del movimiento skinhead. Debemos combatirlos sin escatimo y comprender la esencia del fascismo fuera de lo que nos dice la historia oficial, limitada a la visión contra-histórica de algunas características de la experiencia nazi en Alemania y al fascismo en la Italia de Mussolini. Hay que entender que el fascismo es la dictadura terrorista descarada de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero y los grandes monopolios. El fascismo es la organización del ajuste de cuentas terrorista con la clase obrera y la parte revolucionaria de los campesinos y los intelectuales.

“El desarrollo del fascismo y la propia dictadura fascista revisten en los distintos países características diferentes, según las condiciones históricas, sociales y económicas, las particularidades nacionales y la posición internacional de cada país. En unos países, principalmente donde el fascismo no cuenta con una amplia base de masas, y donde la lucha entre los distintos grupos en el campo de la propia burguesía fascista es bastante dura, el fascismo no se decide inmediatamente a acabar con el parlamento y permite a los demás partidos burgueses, así como a la socialdemocracia, cierta legalidad. En otros países donde la burguesía dominante teme el estallido de la revolución, el fascismo establece su monopolio político ilimitado, bien de golpe y de porrazo, bien intensificando cada vez más el terror y el ajuste de cuentas con todos los partidos y agrupaciones rivales, lo cual no excluye que el fascismo, en el momento en que se agudezca de un modo especial su situación, intente extender su base para combinar –sin alterar su carácter de clase- la dictadura terrorista abierta con una burda falsificación del parlamentarismo.”*

“El fascismo aspira a la más desenfrenada explotación de las masas pero se acerca a ellas con una demagogia anticapitalista; entrega al pueblo a la voracidad de los elementos más corrompidos y banales, pero se presenta ante él como la reivindicación de un “gobierno honrado e insobornable”, especulando con la profunda desilusión de las masas con respecto a los gobiernos de la democracia burguesa, el fascismo se indigna hipócritamente ante la corrupción. El fascismo capta el interés de los elementos más reaccionarios de la burguesía, a las masas decepcionadas que abandonan los viejos partidos burgueses. Pero impresionan a estas masas por la violencia de sus ataques contra los gobiernos burgueses, por su actitud irreconciliable con los viejos partidos burgueses.

Pero cualquiera que sea la careta con que se disfrace el fascismo, cualquiera que sea la forma en que se presente, cualquiera que sea el camino por el que suba al poder:

El fascismo es la más feroz ofensiva del capital contra las masas trabajadoras.

El fascismo es el chovinismo más desenfrenado y la guerra de rapiña.

El fascismo es la reacción feroz y la contrarrevolución.

El fascismo es el peor enemigo de la clase obrera y de todos los trabajadores.”**




* Dimítrov Jorge, Contra el fascismo y la guerra, Ediciones de Cultura Popular, México, 1980, pág. 9.
g** Idem. Pág. 11-12.

Capitalismo, y transnacionales.

Las empresas transnacionales son aquellas que buscando nuevos mercados y sobre todo mano de obra barata rebasan la frontera de su país de origen para establecer fábricas, oficinas administrativas y centros de distribución a través del mundo.

Las transnacionales tienen su metrópoli o cabeza por lo general en el país donde inició la empresa, aquí es a donde fluyen casi todos los capitales producidos por los trabajadores de la empresa. En la metrópoli se localizan edificios de dirección y altos puestos administrativos, aquí es donde trabajan los grandes capitalistas y concentran las ganancias en la misma. Posteriormente invierten las ganancias en otros negocios en bolsas de valores para seguir obteniendo dinero.

Por otra parte la sección de ventas o marketing así como asuntos administrativos puede ser enviada a otro país donde los empleados ganan dinero según sus conocimientos en el área requerida así existiendo una gran disparidad de salarios entre altos funcionarios y trabajadores. Cabe mencionar que debido a que estas oficinas suelen localizarse en países pobres, inclusive los salarios de los altos administradores y gerentes son bajísimos en comparación a las riquezas que absorbe la metrópoli.

Están por supuesto las fábricas, de las cuales cabe destacar que estás son enviadas a los países más pobres del planeta en donde hay mucha competencia por puestos de trabajo y los obreros tienen que aceptar salarios risibles a cambio de arduas horas de trabajo.

Finalmente están los centros de distribución del producto que se extienden a través de la mayor cantidad de países posibles para que el consumidor obtenga el bien producido.

Las transnacionales siempre usan el argumento de que generan empleo y si bien esto es cierto, generan empleos mal pagados en países cuyos gobiernos son incapaces o simplemente no quieren generar empleos.

El salario de un trabajador es tan sólo una migaja de lo que ganan los grandes inversionistas y me atrevo a decir que en realidad es mucho menor.

Puedo concluir que las empresas transnacionales son la mejor manera para cualquier capitalista de obtener ganancias con base en la explotación de trabajadores de países pobres con el pretexto de dar empleo y que son apoyados por gobiernos neoliberales a los que no les importa generar puestos de trabajo para sus ciudadanos.

Paramilitarismos

Arma en la guerra de baja intensidad, el paramilitarismo actúa en México con impunidad total. Ahora, los grupos civiles armados dejan de ser clandestinos, como ocurrió en los años del terror con sus cofrades salvadoreños y colombianos, advierten informes de organizaciones no gubernamentales y de Naciones Unidas. Este actor político independiente “libera” al Estado de la responsabilidad en actos criminales orquestados por el gobierno contra disidentes, como el genocidio y el terror político

Las brigadas asedian a caseríos y poblaciones rurales; sus elementos ocupan veredas y caminos para aterrorizar a los campesinos hasta obligarlos a vender sus tierras o huir de la zona. Desaparecen y aniquilan de modo selectivo a los pobladores de una región; sus escuadrones de la muerte siembran el terror en los barrios, al tiempo que asaltan albergues de migrantes y de adictos. Son los paramilitares que sirven al Estado.

Ese fenómeno es viejo en América Latina. En la década de 1960 se crearon pequeños grupos para realizar misiones específicas y después se organizaron tropas paramilitares para actuar en forma más prolongada, como el caso del Batallón Olimpia, que intervino en la masacre estudiantil del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. Eran militares vestidos de civiles que realizaron una tarea específica de manera encubierta y clandestina.

Para Alfredo Jalife, geopolitólogo mexicano, los paramilitares son una creación de los gobiernos totalitarios que están en guerra. Explica que, de esta manera, “el Estado disfraza sus peores intenciones”, que ejecuta a través de estos cuerpos paramilitares que son exmilicianos o excriminales, o personas que sirven precisamente a los intereses aviesos.

“Hacen cosas que no hacen los militares, como lo sucedido en Colombia, Argentina y Chile. Incluso Estados Unidos lo hace al privatizar el combate contra civiles en Irak y Afganistán a través de las fuerzas paramilitares de Blackwater”, agrega el investigador en temas internacionales.

La afirmación de Jalife Rahme se sostiene en el informe que presentó, el 1 de septiembre de 2007, el Comité de Reformas Gubernamentales y Supervisión Interior del Congreso de Estados Unidos. Ahí se indica que la empresa de seguridad Blackwater, que opera en Irak, se ha visto envuelta en varios escándalos. Es “una organización fuera de control que permanece indiferente ante la muerte de civiles iraquíes”.

De acuerdo con el antropólogo y politólogo Gilberto López y Rivas, el rastro de un segundo grupo paramilitar en la historia contemporánea de México actuó en el mismo marco del conflicto estudiantil: Los Halcones. Este grupo fue entrenado por los militares. En ese contexto se integró la paramilitar Brigada Blanca, que por muchos años actuó con estructura de mando, es decir, con jerarquías militares involucradas, señala el intelectual.

Este grupo fue conocido por la opinión pública mexicana luego de que Amnistía Internacional (AI) señalara, en su informe de abril de 1977, que eran numerosas las denuncias de aprehensiones y subsecuentes detenciones, practicadas por autoridades administrativas, policiacas o militares, “en violación a las garantías constitucionales”.

AI denunciaba: “Hay fuertes indicios de que agentes del poder público practican detenciones extralegales, que las víctimas y sus familiares asimilan, no injustificadamente a secuestros”.

Después del surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994, brotaron en Chiapas otros grupos de corte paramilitar. Advierte López y Rivas, expresidente de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), que debe distinguirse a las guardias blancas de finqueros y terratenientes de los grupos paramilitares. En su opinión, la escuela chiapaneca de formación de paramilitares sigue la experiencia guatemalteca, en donde estos grupos se nutren de elementos de extracción indígena bajo la idea de que “la cuña debe ser del mismo palo”.

Recuerda que, siendo presidente de la Cocopa, presentó una denuncia (cuya asesora legal fue la ya fallecida defensora de derechos humanos Digna Ochoa) sobre la existencia de grupos paramilitares en Chiapas. Afirma que, en una reunión de esa Comisión con el entonces procurador General de la República, Jorge Madrazo Cuéllar, le informó que la Procuraduría tenía el registro de al menos 12 grupos que podían ser considerados paramilitares, aunque empleaban un eufemismo para calificarlos: “grupos de civiles presuntamente armados”.

Actualmente, señala el intelectual, grupos como el Ejército de Dios –que opera en Chiapas– es ejemplo de la modernización del paramilitarismo mexicano. Llama la atención al hecho de que, en 2008, el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) denunció que realizaba combates en dos frentes: por un lado, contra el ejército contrainsurgente, y por el otro, contra grupos de sicarios que el Ejército usa para ubicar a la guerrilla y ajusticiar a sus simpatizantes.

Para Gilberto López y Rivas, los paramilitares son empleados para incursiones militares en ciertos poblados. Su dicho se respalda con lo que el 24 de marzo de 2008 declararon Rodolfo y Ramón, milicianos del ERPI, al diario La Jornada, cuando afirmaron que “ya hay células de grupos paramilitares en Metlatónoc, Guerrero, y en otras zonas de La Montaña, o en Tierra Caliente, Costa Chica y Costa Grande”.